domingo, 7 de mayo de 2017

Los Girasoles Ciegos


Todos hablaban a menudo de sus padres. Uno de ellos, Tino, con aspecto de cachorro grande y que tenía cada ojo de un color, estaba orgulloso de su padre porque era picador de toros además de oficinista. Disfrutábamos cuando el enorme coche de cuadrillas que funcionaba con gasógeno iba a recogerle y él aparecía, espigado y grave, en el portal con su espectacular traje de luces. Otro de los integrantes del grupo de la esquina, Pepe Amigo, se ufanaba de que su padre cazaba pájaros los domingos en Paracuellos del Jarama: con redes en primavera y con liga durante el invierno. Tenía su casa, diminuta y pobre, llena de jaulas con jilgueros que cubrían por las noches para que descansaran de su agitación durante el día. Al padre de Pepe Amigo le admirábamos porque tenía una motocicleta Gilera con el cambio de marchas en el depósito de gasolina, de forma que, fuera a la velocidad que fuera, tenía que soltar una mano del manillar para cambiar de marcha y eso nos parecía una proeza. Y ello a pesar de que era cojo y llevaba un alza enorme en el zapato derecho.
También recuerdo a los dos hermanos Chaburre, que tenían doce vacas en el patio interior del edificio y abastecían de leche a la vecindad, que acudía a comprarles con las lecheras de aluminio. Su padre las ordeñaba y, en las raras ocasiones en que nos dejaban pasar a verlas, todos pensábamos en el valor que implicaba ordeñar aquellas bestias tan enormes y tan hoscas.
Podría enumerar las razones por las cuales todos admirábamos a los padres de los habitantes de la manzana. Ésta fue la única compensación que tuve el día en que se hizo público que el mío no sólo no había muerto sino que estaba en casa cuidándome desde el interior de un armario.

Tema➡ Impotencia de Lorenzo al no poder contar las ¨proezas¨de su padre al igual que sus amigos.

Resumen➡Lorenzo recuerda como todos admiraban a sus padres, como Tino, cuyo padre era oficinista y picador de toros o Pepe Amigo, que contaba que su padre, quien tenía una motocicleta con el cambio de marchas en el depósito y era cojo, cazaba durante todo el año pajaros en Paracuellos del Jarama. También estaban los hermanos Chaburre, cuyo padre tenía 12 vacas y las ordeñaba.

Estructura➡ La estructura interna se divide en dos partes:
Primera parte: Abarca los dos primeros párrafos. En ellos habla y describe la relación que cada padre tiene con su respectivo hijo y de las ¨proezas¨ que llevan a cabo.
Segunda parte: abarca el tercer y último párrafo. En el Lorenzo confiesa que aunque no pueda hablar del suyo, sabe que su padre también le cuida.

Comentario Crítico➡
El fragmento a comentar pertenece al cuarto capítulo de Los Girasoles Ciegos, la única obra conocida del escritor madrileño Alberto Méndez. Aunque los capítulos del libro son historias independientes, guardan una relación.
El texto escogido pertenece al cuarto capítulo, que trata sobre las penurias pasadas por una familia que es perseguida por el régimen.
Ricardo Mazo, padre de Lorenzo, vive tras la guerra dentro de un armario debido a que el régimen le busca por ser republicano. Él debe contemplar como su vida se ve reducida a vivir encerrado y a no levantar sospechas y eso poco a poco va consumiendo su espíritu y su alma, hasta sentirse con el deseo de acabar con su vida. A todos estos sentimientos negativos debemos sumar el que tenga que observar cómo el cura del colegio acosa a su mujer y pretende 'apadrinar' a su hijo.  El capítulo tiene distintos narradores que se diferencian por el tipo de letra usados, dos de ellos en primera persona (el cura y el chico) y el otro en tercera(narrador omnisciente).  Este fragmento en concreto lo narra Lorenzo, pero no cuando era pequeño, si no ya de adulto cuando logra comprender todo lo que pasó.
En los dos primeros párrafos Lorenzo describe con bastante detalle a los padres de los otros niños del vecindario y enumera las cosas admirables que llevaban a cabo.
En el último, con tono melancólico recuerda a su propio padre y como él no podía presumir de lo logros de su padre pues para el resto del mundo estaba muerto. Era un secreto que tenía que mantener para asegurar que estuviera a salvo y por ello le estaba prohibido hablar de él.
Lorenzo solo será verdaderamente libre de esta mentira cuando su padre realmente muera y se descubra la verdad.
La frustración a la que están sometidos los personajes de este relato refleja la situación vivida por tantísimas familias durante el franquismo. El autor es capaz de transmitir ese sentimiento de tragedia típico de una posguerra, en el que miles de familias eran objeto de persecuciones y de falsas acusaciones. En este caso Ricardo había sido republicano abiertamente y por ello se ve obligado a ocultarse en su propia casa. Pero ¿merece la pena estar muerto en vida o finalmente descansar muriendo? Esa es la decisión que hace el personaje al final del relato. Una vida en las sombras es difícil de llevar y más si un suceso traumático como es el que un diácono acose y viole a tu mujer marca tu vida.  Su mujer está obligada a mentir, a estar siempre alerta de cualquier ruido sospechoso, a borrar todas las huellas que su marido deja por la casa cuando alguien llama a la puerta. Su hijo siempre tendrá un recuerdo traumático de su infancia pues su padre oficialmente estaba muerto y él tenía que ocultar la verdad. Esa herida no se puede curar y su recuerdo no se puede borrar, pero las heridas no se borran negándolas ni olvidándolas, sino conociéndolas para no repetirlas.

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