lunes, 3 de noviembre de 2014

Carceles


Cárceles
La población carcelaria está compuesta en general por gente muy joven, grandes o pequeños delincuentes en la flor de la vida, que en su inmensa mayoría deben a la droga el haber sido devorados por el Código Penal. De hecho, si la droga se legalizara, las cárceles, hoy abarrotadas, quedarían prácticamente vacías y podrían convertirse en parques infantiles, en bibliotecas públicas, en auditorios o en casas de cultura, pero en todo caso habría que dejar algún centro penitenciario como residencia de ancianos, destinada a esos distinguidos caballeros, casi de la tercera edad, que deberían ser sus inquilinos naturales, políticos corruptos, ladrones financieros, carcamales muy refinados, que han atracado bancos desde sus propios despachos.

En cierta ocasión, en la cárcel de Tenerife, después de un recuento vi entrar en el comedor la larga reata de presos en chándal y bambas, casi todos chavales capturados por la droga. Paradójicamente el último de la fila era un sesentón, muy bien vestido, quien a duras penas podía arrastrar las babuchas. ¿Qué hace aquí este hombre tan mayor? —pregunté—. “Ha emitido más de 100 cheques sin fondos” —me dijo un celador—. Eran tiempos en que un viejo como este aún despertaba cierta ternura viéndolo en la cárcel con su diseño de pobre diablo, como un pícaro estafador a la antigua entre mozalbetes marginales y otra carne de cañón. Hoy el paisaje carcelario ha cambiado. En los patios y galerías aparecen unos señorones con la papada bronceada y las cocochas bruñidas, que han llegado a la cárcel desde la cloaca de la política o directamente desde los restaurantes de cinco tenedores en cuyos reservados alcaldes y concejales han intercambiado los dientes con ciertos tiburones.

El dueño de un famoso asador, que durante años ha atendido a financieros, políticos y empresarios de éxito se lamentaba: “Tengo mi establecimiento lleno de imputados. ¿Qué será de este negocio si a mis mejores clientes los meten en prisión? A este paso tendré que hacer catering para Alcalá-Meco”. Tal como vienen los telediarios habría que despenalizar la droga aunque solo fuera para dejar sitio en las cárceles a estos ancianos, mangantes distinguidos, los nuevos delincuentes encorbatados, que van a necesitar cada día más espacio.

Manuel Vicent (El País, 1 de diciembre de 2013)

El tema principal del texto es la corrupción política que hoy en día se vive en nuestro país, más en concreto la encarcelación de esos políticos.

Las cárceles de España están llenas de personas de todas las edades, es decir, superpobladas. La mayoría de personas que cumplen condena son por asuntos de drogas, pero si la legalizaran las cárceles quedarían prácticamente vacías. Solo quedarían cárceles para los señores de tercera edad como políticos corruptos, ladrones financieros y personas que roban bancos desde el interior.

El texto claramente es sobre el tema del que más se habla en estas últimas semanas. La corrupción que vivimos en este país cada vez nos afecta más y está más presente en nuestras vidas.
Hace unos años, cuando no existía la crisis económica en nuestro país, estos escándalos políticos no habrían tenido tanta importancia, pero ahora tal y como esta la situación es indignante que ocurra. Las personas están hartas de políticos corruptos que meten la mano en el dinero publico, hartos de políticos que se suben los sueldos y así podríamos hacer una lista larga.
Los escándalos salpican a todos los partidos, no hay partidos que se salven de las ovejas negras, aunque la mayoría de personas prefieren mirar hacia otro lado si ocurre en su partido o simplemente por criticar al otro bando no paran de recriminar la corrupción del partido.
La corrupción existe desde que la democracia se creó, y seguirá existiendo hasta que los que gobiernen no sean personas. Esta en nuestra naturaleza ser de una forma determinada y hay personas que nacen con poca conciencia.
Con respecto a cerrar cárceles no me parece bien. La ley es igual para todos y eso significa que el que está dentro por corrupción es igual de culpable que uno que vende droga o uno que ha matado a otra persona. La idea de legalizar la droga es la peor que se le puede haber ocurrido al periodista. ¿Como puede ver como válido algo igual de malo que la corrupción que tanto le preocupa e indigna? ¿Es menos culpable una persona que vende sustancias que matan al año millones de personas que un viejo que roba dinero público? Yo los veo exactamente iguales de culpables.

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